En una primera mirada, Mercurio podría parecer el planeta más poco llamativo: su corteza está plagada de cráteres, carece casi por completo de atmósfera y no ofrece condiciones para la vida. No obstante, su existencia plantea interrogantes a la comunidad científica.  ¿De qué manera puede haberse formado un mundo tan pequeño y tan rico en metales en una órbita tan cercana al Sol? 

A pesar de tener un volumen y una masa considerablemente menores que los de la Tierra —su masa es unas 20 veces inferior—, Mercurio se distingue por su notable densidad. Cuenta con un núcleo metálico gigantesco que abarca cerca del 85% de su radio, razón por la cual es el segundo planeta más denso del sistema, a pesar de su tamaño reducido y su corteza delgada.

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Las primeras claves sobre su composición surgieron con la misión Mariner 10, en 1974 y 1975, cuyas mediciones gravitacionales permitieron explorar su interior. Posteriormente, la sonda Messenger (2011–2015) aportó nuevos descubrimientos, como la detección de potasio, torio y cloro en la superficie, así como hielo en cráteres polares. Las temperaturas diurnas pueden superar los 430 °C, mientras que por la noche descienden hasta los −180 °C.

Por qué Mercurio es un “dolor de cabeza” para la ciencia

Las teorías de formación planetaria no logran reproducir un planeta como Mercurio tal como se lo conoce hoy. Para los especialistas, se trata de “un dolor de cabeza”, ya que las simulaciones suelen finalizar sin generar ningún cuerpo en esa órbita. La hipótesis predominante plantea que un proto-Mercurio más grande habría perdido su manto tras un impacto gigantesco, lo que habría dejado al descubierto un núcleo desnudo.

No obstante, ese impacto debería haber ocurrido a velocidades extremas, un aspecto que complica la explicación, ya que en esas condiciones se habría evaporado la mayoría de los volátiles que la sonda Messenger sí logró identificar. Como resume Alessandro Morbidelli, “La interpretación general es que Mercurio sufrió un impacto gigante que le quitó la mayoría del manto”, aunque esta idea no despeja todas las dudas.

Mercurio bajo la lupa: hipótesis científicas y la misión BepiColombo que podría revelar su formación

Existen alternativas: que Mercurio fuera el que colisionó con otro cuerpo, o que los escombros fueran pulverizados por el viento solar. Jennifer Scora sostiene que “Terminas con un Mercurio que es más pequeño y también más denso”.

Otra opción es que se formó en una región extremadamente caliente. Anders Johansen afirma: “Así se podría conformar un planeta rico en hierro”. La misión BepiColombo, lanzada en 2018 y que entrará en órbita en noviembre de 2026, promete datos clave sobre composición, gravedad y campo magnético. Camille Cartier dice “Tenemos una super colección” de meteoritos aubrita que podrían ser restos antiguos; mientras tanto, Rothery advierte: “Sabemos que Mercurio es rico en volátiles, pero desconocemos cuáles son todos”.